¿Está de Duelo por Adelgazar?

27
Oct
2016

Bajar de peso implica modificar un equilibrio conocido. Aunque parezca extraño, esto genera sentimientos de pérdida y frustración.

Adelgazar tiene vericuetos asombrosos. Los seres humanos, a lo largo de nuestra vida, tendemos a alcanzar ciertos equilibrios para poder sobrevivir; eliminamos e incorporamos sustancias, sentimientos, roles hasta llegar al balance. A veces tomamos comida, afecto, conocimiento. Descargamos desechos, emociones, trabajo, palabras. Intuitivamente, nos ubicamos en el lugar menos malo que podemos…

Las personas gordas, aunque están enfermas, también han logrado cierto equilibrio. Y al comenzar a adelgazar, este equilibrio se ve amenazado. Al principio el impulso o la euforia de ver los resultados suele cubrir la sensación de pérdida, pero con los kilos que se van, se va también un poco la motivación.

El corazón empieza a trabajar más descansado, los pulmones respiran con alivio, las rodillas crujen menos, la ropa comienza a quedar holgada, y los demás elogian la proeza de haber bajado los primeros kilos.

Entonces, la fuerza revolucionaria del principio suele decaer. Y comienza un proceso de duelo. Por el cuerpo que va cambiando, por la renuncia que se ha hecho a la forma de comer habitual, por tener que resignar ciertos roles conocidos (como el de la madre que agasaja a todos con mucha comida, por ejemplo).

Se tiene una sensación de pérdida. Si la motivación para bajar sigue siendo alta y el apoyo profesional o del grupo es bueno, el duelo será menor. Y en los casos de personas bien adaptadas psicológicamente puede llegar a no aparecer.

En otros casos, especialmente cuando se usan métodos antinaturales o antifisiológicos como dietas muy restrictivas, es probable que aparezca el llamado cuadro de abstinencia. Usted seguramente sabe que los alcohólicos que dejan la bebida, o quien deja el cigarrillo o cualquier otra sustancia tóxica, al cabo de unos días sufren una reacción especial: una protesta del organismo ante la falta de lo que consume regularmente. En la persona gorda se puede producir lo mismo, según el grado de dependencia o adicción que tenga con la comida.

Por otra parte, al bajar de peso, algunas cosas alrededor también cambian. La actitud de la gente puede ser distinta de lo que usted espera. Tal vez note envidias, boicot, falta de apoyo, o simplemente que en algún momento a nadie más le llame la atención que usted esté flaco… Y esto puede producir frustración. Entonces aparece irritabilidad, falta de deseos de seguir el tratamiento, cierta tristeza, melancolía, miedos…

Conviene conocer que esto puede suceder y estar alerta para no asustarse y aprender a convivir exitosamente con esa nueva persona que se refleja en el espejo. Esto dependerá del proceso de adelgazamiento que esté transitando:

Buen adelgazamiento implica que usted:

  • Hace un plan integral que incluye programa de alimentación, actividad física y educación obesológica.
  • No usa “preparados adelgazantes”. En todo caso, la medicación hoy aceptada internacionalmente.
  • Tiene expectativas adecuadas para el descenso de peso.
  • Baja progresivamente, poco a poco.
  • Tiene buena motivación.
  • Ve más desventajas que beneficios en seguir siendo gordo.
  • Hace cambios de vida que lo ayudan a mantener su nuevo peso.

 

Mal adelgazamiento significa que usted:

  • Sólo hace dieta. Se basa en ayunos o dietas muy restrictivas. O tiene toda la energía puesta en el gimnasio.
  • Toma los preparados que le recetó el pseudohomeópata o se automedica.
  • Tiene expectativas irreales. Quiere bajar más de lo posible.
  • Quiere batir un récord.
  • Tiene una motivación pobre.
  • No encontró cuáles son los beneficios de adelgazar.
  • Sigue haciendo la misma vida.

 

A veces el miedo al cambio es muy fuerte. Es como si la persona se dijera: “Estoy casado, tengo mi hogar, mi trabajo, limpio mi auto los sábados a la tarde, voy a casa de mis suegros los domingos al mediodía, y considero que cualquier cosa fuera de esto es una locura. No quiero fantasear con nadie, ni resultar tentador/a para nadie, mi pareja me prefiere gordito/a porque así no se siente celoso/a…”

Es preciso saber que cuanto más correctamente se elabore el duelo del adelgazamiento, menor será el problema para continuar. Y finalmente los resultados serán positivos en muchos aspectos. Es cuestión de aceptar el desafío.

Fuente: Dr. Alberto Cormillot

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